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Ensayo                                                                                             GESTIÓNSINDICAL72

Ernesto García Cabral:
Retratos literarios y periodísticos

Edwin Alcántara

                                                                 En una caricatura artera
                                                                 Cabral me aludió hace poco
                                                                 y fui a verle a su gatera
                                                                 ¡Ay Caray! nunca lo hiciera…
                                                                 Está feo de tal manera
                                                                 con su aspecto tan barroco
                                                                 y su hirsuta cabellera,
                                                                 que el hijo de la portera
                                                                 lo ve y grita: «Mamá el coco!».2

Al veterano y experimentado periodista Manuel                       El domingo 29 de mayo de 1932 la joven Adelaida
             Horta, quien por el largo periodo de 1929 a         Valderraim amaneció por fin al lado de su flamante ma-
             1982 dirigió Jueves de Excélsior, debemos una       rido Andrés Audiffred, a quien ahora le debía la nueva
             de las semblanzas más entrañables y diverti-        composición de su apellido: Adelaida Valderraim de Au-
             das de su amigo Ernesto García Cabral, con          diffred, pues la noche anterior el célebre caricaturista
quien creó Fantoche. Semanario Loco, en 1929, y fundó            había contraído nupcias con ella. La joven vería aquel
un bohemio grupo con José Juan Tablada, José de Jesús            domingo en las páginas de sociales de varios periódicos
Núñez, Domínguez y Jesús B. González, entre otros.1 En           su rostro oval de torneadas mejillas acariciadas por su
ese retrato escrito de quien ilustraba magistralmente sus        ondulado y brillante cabello, con sus ilusionados ojos
portadas de Jueves de Excélsior y Revista de Revistas, Horta     grandes, dulces y expresivos. Acaso Adelaida mostraría
tuvo el acierto de incorporar algunos de los versos de in-       a su marido, quien ya era entonces una celebridad —un
signes poetas que pintaban a García Cabral con admirable         Audiffred no tan jovencito, de unos treinta y siete años,
exactitud. No podemos dejar de evocarlos en esta galería         de cara afilada, fino bigote, prominentes entradas en la
literaria y periodística dedicada al más grande Chango           frente amplia y agudísima mirada bajo sus cejas carga-
del siglo XX, en estas líneas de homenaje que apenas son         das— las crónicas que reseñaban la boda civil en la casa
sólo algunas estampas que dibujan su personalidad en             de la novia, en la calle de Lampazos número 19. Quizá
sus círculos más cercanos y sus espacios de sociabilidad.        recordarían juntos los detalles de la celebración en don-
Comencemos pues con la venganza que cobró el escritor,           de estuvieron los amigos de su esposo: los dibujantes
periodista y epigramista José Elizondo, cuando Cabral le         Salvador Pruneda, Francisco Gómez Linares, el periodista
dedicó una caricatura:                                           Carlos Noriega Hope y, por supuesto, el entrañable y
                                                                 genial artista, Ernesto García Cabral.3

                                                                    Al iniciar la tercera década del siglo XX algunos dibu-
                                                                 jantes consagrados eran verdaderas personalidades de la
                                                                 vida pública mexicana y dueños de un prestigio que los
                                                                 hacía parte de los círculos sociales más selectos, parti-
                                                                 cipaban de reuniones, eventos y celebraciones que, por
                                                                 supuesto, eran tema de las crónicas de sociales y, García
                                                                 Cabral, parecía ser uno de esos convidados favoritos que
                                                                 no faltaba a las invitaciones en donde seguramente hacía
                                                                 bocetos mentales de las bellas jóvenes de la aristocra-
                                                                 cia mexicana que iban a transformarse en portadas de
                                                                 Revista de Revistas o de Jueves de Excélsior.

                                                                    Para acercarse a la atmósfera de la intensa vida social
                                                                 de García Cabral, nuevamente Horta nos lleva de la mano

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